Cada cual con sus características: billares, confiterías, pequeños barcitos con largas barras que aún conservan sus tacitas blancas, sus viejas azucareras transparentes y esas antiguas campanas de vidrio para mantener los sandwiches; y también unos pocos cafés sofisticados que guardan los signos de un pasado de esplendor entre los vitraux, los mármoles, las maderas de origen, reliquias y objetos de la belle époque.